martes, 31 de julio de 2018

sábado, 28 de julio de 2018

Adiós, he vuelto


Hace tres años que no escribo en éste blog. Tres años que han pasado sin darme ni cuenta.

Los mismos tres años en los que estuve bloqueada, asustada, triste y creativamente medio muerta y no podía, no sabía, no quería darme cuenta que lo estaba.

Justamente, en octubre de 2015, 20 días antes de escribir el aquel último post, antes del parón, me encontré un recorte de periódico en el suelo. Era éste:



Lo miré, con algo de sorpresa, estuve unos segundos dudando si cogerlo del suelo o no.   Me dije en seguida "no estoy de acuerdo" y lo miré con desdén. Pero le tomé una foto. Y la he guardado en el móvil desde entonces.

Y es que de lo que me doy cuenta ahora, es que estaba negando mi dolor. Durante tres años, aguantando y negando estar triste, como si no se pudiera vivir en este estado. Una prohibición auto impuesta, una necesidad de fingir que todo estaba ok, cuando realmente no lo estaba. 

Cuando  yo decido "fingir demencia" y no quiero darme cuenta de nada, lo hago muy pero  muy bien. Y la verdad estaba absolutamente aterrada de reconocer que no me encontraba feliz, ni siquiera un poco contenta, ni con lo que hacía, ni en la manera en que se estaba desarrollando mi vida, sobretodo en lo profesional. 

Pero por más que quiera,  no se puede estar bien en una parte de la vida y en la otra fatal; al final todo se termina contaminando del mismo malestar. Y la misma demencia me llevó a desconectar absolutamente de la realidad, a vivir en un mundo en el que yo era super fuerte y no me dejaba afectar ni deprimir, y en el que las personas a mi alrededor se difuminaron un poco: familia, pareja, amigos, quizá éstos últimos mucho menos, lo cual me parece curioso. 

Entonces me dedique a vivir en automático, modo zombie. Hacía las cosas que debía hacer, decía las palabras que yo misma quería escuchar, reía con afán de encontrar la felicidad y me creía el cuento que yo misma me contaba: " todo está bien" " es una mala racha" " ya todo cambiara" pero no hacía absolutamente nada para que eso cambiara. 

No era capaz de crear casi nada, si lo hacía en realidad no lo disfrutaba demasiado o estaba insegura de lo que hacía, escribía y lo deja a medias, actuaba sin fe y sin disfrute, dirigía a duras penas. 

El 2017 fue el peor año, no fui capaz de  hacer nada. Me instalé en la inercia, acepté un trabajo que rechazaba desde mis vísceras (tanto así que me enfermé de urticaria), me refugié en el mal humor, en un odio contra el mundo, en la falsa comodidad de la vida "normal" 

Fue una decisión que tomé por mí misma, en vista que no disfrutaba nada de lo que hacía, me "tomé un tiempo" para ver que quería hacer. Me alejé de las palabras, del teatro, de la inquietud por decir cosas. Me encerré a mí misma en un lugar complaciente, un lugar habitado por todo mis demonios que lograron cogerme de los brazos y las piernas y hundirme en un lugar oscuro.

Todo ésto por dentro, por dentro el vacío, por dentro el miedo, por dentro la oscuridad que salía en forma de ira. Por dentro esa voz que me decía "muévete" "¿que haces?" "te mueres" "despierta"  y que yo me forzaba a no escuchar. 

Cuando nos quedamos atrapados en semejante estado pueden pasar tres cosas: que busquemos ayuda, que quienes nos conocen bien se den cuenta de lo que nos estamos haciendo (nosotros no lo hacemos) y nos den la mano para ayudarnos a salir del foso, o que la oscuridad se lo coma todo, como en la historia sin fin. 

A mi me pasó lo último.  En un abrir y cerrar de ojos, la vida dio un vuelco en el que aún estoy tratando de caer de pie. Adiós pareja, adiós casa, adiós ciudad, adiós a una vida construida durante siete años.

Duele, si. Y mucho.

Se activó el botón "reinicio" y no me dio tiempo de pedir "tiempo", el tiempo se había acabado. Yo lo había dilapidado tratando de disimular obstinadamente que estaba bien.  Explotó la bomba en la cara, cuando menos lo pensaba, y en la parte de mi vida menos esperada. 

Ahora vivo en Madrid, vuelvo a replantear mis aspectos esenciales. La semana que viene cumplo 39 años y por primera vez en muuuuucho tiempo lo celebraré con mi familia, por primera vez en siete años "separada". Las cosas agridulces suelen gustarme en la gastronomía, tendré que disfrutarlas también en la vida. 

Mucha gente me dice que soy valiente, que soy fuerte  y decidida. Que todos los cambios son para bien, que vendrán cosas buenas y mejores. 

En una parte tienen razón, pero no me tomo todo el crédito. Es el instinto de supervivencia el que me ha hecho escapar de la implosión. Ya lo ha hecho varias veces, ésta es la tercera. 

Así que ahora puedo entender el enunciado de aquel artículo. Ahora que me permito sentir el dolor y la tristeza. Ahora que me despido. Creo que cuando nos despedimos de lugares y personas también nos despedimos de la persona que éramos, la abrazamos y le damos las gracias a todos. Gracias por lo vivido, por lo aprendido, lo disfrutado y por lo sufrido. 

Ahora estoy en el camino de regreso, un camino que cambia cada vez.

Ahora que debo decir:  Adiós, he vuelto. 


N.P                                                                       





jueves, 29 de octubre de 2015

Octubre Rodado!

No es común  que en un mes salgan dos trabajos seguidos, al menos en éstos tiempos.
Sin embargo ésta  semana  también  he rodado  anuncio  en Barcelona, buena manera de terminar el mes!
A ver que me trae Noviembre :)
Aquí dejo una fotito con familia de turno,  siempre  me ponen de madre de unos niños adorables!



Y aquí el resultado :) 


sábado, 24 de octubre de 2015

Rodaje en Palma


La semana pasada tuve la oportunidad de trabajar en la rodaje de una campaña publicitaria para McDonal's. Lo curioso es que no va dirigida la mundo occidental, con lo cual fue toda una experiencia, ya que todo los comportamientos "cotidianos" que se mostrarán en el anuncio fueron adaptados hacia el público a quien irá dirigido el spot.

Me hizo pensar en el concepto de "normalidad" y en cómo podemos ser tan distintos según el lugar donde vivimos. Yo que soy una rebelde con causa, como actriz he de aceptar que existen realidades tan distintas a mi forma de ser y pensar , y que por muy locas o absurdas que me parezcan, hay gente que las vive como algo normal

Fuera de eso, me encontré con un equipo maravilloso y unos compis geniales, aquí os dejo algunas fotitos del rodaje







viernes, 12 de junio de 2015

Donde el viento hace Buñuelos de Arístides Vargas, lo nuevo de Volanteatre



Donde el Viento hace Buñuelos gira en torno a la temática del exilio y la memoria, tópico recurrente en la dramaturgia de Arístides Vargas, durante las 45 escenas que tiene la obra, el autor muestra interés por quebrantar la estructura de su dramaturgia, poner siempre de manifiesto lo humano de los personajes creados.
La acción de los personajes transcurre con dos mujeres que viven momentos cruciales  de sus vidas, enfrentadas a los recuerdos de una memoria fragmentada, que entablan un extraño dialogo que trasgrede las precisiones espaciales y las secuencias temporales, ya que en la obra no hay ninguna referencia concreta del espacio o el tiempo en el cual transcurre la acción, allí se superponen ámbitos donde se mezcla el pasado  y el presente.
En Donde el viento hace Buñuelos, se tratan temas como  la vida y la muerte, la amistad, las experiencias vividas, el exilio. Una vida en tránsito permanente que nos lleva a un destino ineludible y mientras tanto, los sueños y los anhelos se hacen presentes, las tristezas y las pequeñas alegrías, las etapas vividas, todo lo que habita nuestra memoria, nuestro cuerpo, nuestra alma.
Sinopsis: Catalina y Miranda esperan a que se desocupe una cama donde parece haber un hombre dormido. Mientras esperan transitan un espacio de encuentros y desencuentros donde revivirán recuerdos de su amistad y compartirán sus vivencias, el exilio y el desarraigo.
Ficha Técnica: Texto: Arístides Vargas. Espacio Escénico y objetos: Sergio Naranjo. Diseño gráfico: Regina Serrano. Fotografía Imagen: Andrés Uribe. Producción: Volanteatre. Intérpretes: Nathalia Paolini, Noèlia Lleixà. Dirección: Sergio Naranjo


TODOS LOS DOMINGOS DE JUNIO EN PORTA 4, BARCELONA  21:00h

lunes, 18 de mayo de 2015

Descubrir el mundo o ya todo está inventado?

Hoy en día no es raro ver por todas partes diversos anuncios que afirman enseñarte hacer cualquier cosa. Las redes sociales y en general el mundo 2.0 ha generado un sin fin de expertos sobre algo que siempre pueden enseñarte a hacer lo que ellos y ellas saben hacer.

Hay expertos para todo y de pronto todos son (mos) expertos en algo: cocina, marketing, fitness, alimentación, fotografía, escritura, redes sociales, plantas, animales, ventas, diseño, emprendeduría, comunicación, crecimiento personal, creatividad, manualidades, viajes, ocio, gastronomía, arte, etc. me quedo corta, la lista es interminable.

Y la verdad es que todo es está muy bien, compartir el conocimiento, aprender de alguien que sabe más que nosotros sobre un tema determinado, sin importar que no vivamos en el mismo país o incluso que hablemos el mismo idioma.

Sin embargo, a veces tengo ataques de nostalgia por descubrir algo y creer que he logrado lo que nadie antes ha logrado. Como dice un dicho popular "descubrir el agua tibia".

Yo soy de las últimas generaciones que no creció con internet. Que para investigar para un trabajo tenía que ir a las bibliotecas, que no sabía mucho de lo que pasaba al otro lado del mundo si no lo daban en las noticias, que escribía los trabajos a mano o a máquina de escribir ( primero manual, después eléctrica), que no sabía lo que era un sms ni mucho menos un whatssap, que tuvimos nuestra primera dirección de email por allí en 1998, que no sabía que pasaría en el 2000.

Un mundo donde al parecer los expertos estaban cada uno en lo suyo y sólo podían compartirlo con quienes estuvieran a su lado, de ahí la figura del "Maestr@" como un@ super expert@ en su campo que tenía unos aprendices a los que transmitía su conocimiento y éstos iban aprendiendo poco a poco, también en el hacer, en el ensayo y error, hasta encontrar una manera particular de realizar un trabajo, un resultado que podía llegar después de muchos años, un descubrimiento que los hacía crecer en lo que fuere que hicieran.

Y es que aunque el mundo virtual nos ha dado mucho y el acceso a la información es inmediato, la verdad es que hemos tenido que pagar un precio, puede que alto. Hemos perdido la capacidad de descubrir, o al menos de creer que estamos descubriendo algo. 

De pronto tenemos una idea brillante y lo primero que hacemos en googlearla, para encontrar que a una o a muchas personas ya se les ha ocurrido. Es normal claro, pero antes de la expertonitis explosiva de los últimos tiempos, no lo sabíamos.

Me viene a la memoria aquel vídeo de la niña que descubre la lluvia por primera vez.  Su emoción y su alegría, absolutamente maravillada por el agua que cae del cielo.  Muchos  la vimos en internet, por supuesto ¿No sería grandioso volver a sentir eso? en la casa, en el trabajo.

Volver a despertar la curiosidad de inventar algo sin buscarlo en internet, inventar una receta, encontrar una "nueva forma" de hacer lo que hacemos siempre,o hacer algo distinto sin que un experto nos diga el cómo.

Descubrir nuestra propia manera, aunque seguramente  también sea la manera de otra persona, pero quedarnos con la inocente creencia de que somos únicos. Quizá ésto nos motive a hacer nuestro trabajo con más entusiasmo, a disfrutar un poco más del inventar y aprender por el camino en lugar de esperar que un señor o señora nos diga cómo hacerlo. Que quizá sea más rápido, pero puede que no sea tan divertido.

Y no deja de ser irónico que para decir ésto utilice la tecnología 2.0. Si no...¿cómo podría decirlo? 




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