domingo, 23 de septiembre de 2007

Instintos


Esta tarde, estaba acostada en mi cama viendo una peli, mas por resignación que por decisión propia, pero la peli al menos estaba buena, ya la habia visto antes aunque comenzada ( es un mal de los canales de peliculas por cable, por mas que se consulta la guia, siempre comienzas a ver la pelicula empezada, aunque sabes que inmediatamente despues en el canal hermano la comienzan, es una fórmula que a veces resulta) . La peli en cuestión se llama HEIGHTS, y va sobre la historia de varios personajes a los que les cambia la vida en 24 horas.


Uno de ellos Jhonatan, es un judio próximo al matrimonio, pero que guarda un pasado y un presente que no termina de asumir: es homosexual, o por lo menos bisexual. Sin embargo, nunca le ha dicho a su prometida dichas inquietudes y pretende llevar con ella una relación estable y "suficientemente real". Al final, su instinto prevalece y tras ser descubierto por ella, decide enfrentar su situación y recomenzar.


En fin, mientras reposaba tranquilamente en mi cama viviendo un rato la vida de estos seres, oigo un ruido estruendoso en la cocina y pienso " que habrá hecho esta vez" refiriéndome a Antonin, mi gato mestizo y medio loco que suele hacer de las suyas cuando le provoca, que es casi siempre.


Entonces me levanto y apenas saliendo del cuarto, lo veo venir corriendo con algo marrón en la boca, en principio pense, "una cucaracha", luego vi que era mas grande, "¿una mariposa nocturna y extraviada?", luego alcacé a decifrarlo, un pajarito, una palomita pequeña de las que llaman "Cacaitas"... lo perseguí con dos objetivos, uno que no se metiera debajo de la cama a comerse su platillo cazado, y dos, ver si todavia se podia hacer algo para que no la matara, pero al salir ambos del cuarto ya fue muy tarde, en vista de la amenaza que constituía yo, queriéndole quitar su presa, la apretó con mas fuerza entre sus colmillos y la sangre del pajatiro brotó en un monton de charquitos que dibujaban una línea por donde Antonin pasaba, manchando con color y olor el piso que habia estado limpiando en la mañana. Al fín logré agarrarlo y levantarlo del piso, zarandeándolo un poco para que soltara al animalito que él por su parte estaba dispuesto comer, al fin lo soltó, y quedó ahi en el piso, entre un reguero de plumas y sangre.


Yo regañe a Antonín y lo metí en su jaula transportadora, que a veces funciona como jaula de castigo, otras sólo para quitarlo del camino un momento cuando se necesita que no esté en medio de lo que uno esté haciendo, pero que últimamente hasta cariño le ha agarrado porque se mete en ella solo a pasar el rato, con la rejilla abierta, de lo mas cotidiano.


Luego me puse a limpiar el desastre y siguiendo el rastro de plumas pude ver por donde entró el infortunado pájaro y hasta donde saltó Antonín para agarrarlo. Y recordé que ésta es la segunda vez que lo hace, y que en aquella oportunidad tambien lo regañe y lo castigué. Pero ¿cómo hacerle entender que a las cucarachas si, y a los pajaritos no?.


Ahora mientras Antonín llora en su jaula para que lo deje salir, la razón vuelve a mí y pienso que es totalmente inútil, no importa el regaño o el castigo posterior para mi pequeño tigre, no se puede luchar contra la fuerza del instinto. Voy a soltarlo.

1 comentario:

Hector M dijo...

hola nathalia: pienso que el instinto en muchas ocasiones es mas fuerte que la costumbre, yo intente educarme, pero mpps, sigo siendo expedicionario y navegante de ocasion, sino uno no se siente vivo, saludos
hector morales

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